Henry Steel Olcott, el Protector y más Importante Organizador de la Sociedad Teosófica

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H.S. Olcott

    Lo que jamás debe haber pensado ni imaginado H.S. Olcott que como soldado libraría la mayor batalla de su vida al frente de una institución que revelaría al mundo tantos conocimientos relacionados con la evolución interna y externa de la Humanidad. Que el Hombre individualmente, libra su propia batalla dentro de su propia naturaleza Espiritual y Humana. Que para que el Hombre Espiritual se declare triunfante sobre el hombre material, él pondría en sus manos “Las Cuatro Nobles Verdades y El Óctuple Sendero” junto con “La Cadena de Causación, Los Doce Nidánas” del Buddhismo, junto con la riqueza de valor inestimable de la Teosofía.

    Este Hombre notable e incansable y bastante escéptico, logró un lugar de suma importancia en el movimiento Teosófico junto a H.P.B. y W.Q. Judge. Un encuentro entre H.P.B. y él en un lugar llamado La Quinta de los Eddy, selló el Karma de ambos y un 17 de noviembre de 1875 en la ciudad de Nueva York, nacía esta institución bajo el nombre de Sociedad Teosófica, donde comenzó su presidencia hasta el final de su vida.

    Su constante dedicación y su abnegado servicio a la Gran Causa de los Maestros de Sabiduría, le permitió estar frente a frente con ellos, el agradecimiento de estos grandes seres lo protegió como una gran bendición toda su vida. Su silencio cual fortaleza inexpugnable protegió cada misión dada por los Maestros.

    La difusión de la Teosofía fue una de sus mayores preocupaciones llevando sus conferencias a lugares que preocupaban a los más intrépidos. No era fácil recorrer aldeas y pueblos en lomos de caballos, de elefantes, camellos o palanquines, donde el calor abrasador y la humedad, eran una verdadera tortura para personas de su origen, pero aun así dio cumplimiento a lo que su deber moral le inspiraba. Una de sus mayores contribuciones fue para el Buddhismo, con su “Catecismo Buddhista” revivió esta Ciencia-Religión, dándolo a conocer de manera más universal en momentos en que parecía casi extinguido. La creación por él, de la bandera buddhista, con los colores del Aura de Buddha, fue uno de los emblemas más representativos de ese momento.

    El Cuartel General de Adyar significó para él, el centro de la difusión de la Teosofía para el mundo. Los verdaderos fundadores del Movimiento Teosófico, los Maestros de Sabiduría, más de una vez visitaron ese lugar y ha sido allí donde resolvieron asuntos de importancia para el Movimiento, convirtiendo a ese sitio en el más emblemático para las decisiones sobre los destinos de la Sociedad Teosófica y la Teosofía de ese tiempo.

    Sabemos por los hechos históricos que su compromiso tomó características únicas, en el mayor de los silencios aceptó cada prueba y ejecutó el pedido de esos Maestros que amaba y respetaba hasta las últimas consecuencias. Las divergencias entre los componentes de este esforzado grupo no fueron obstáculos que estancasen el fluir del río proceloso de la Teosofía. La orden interna era avanzar y avanzar, porque el tiempo con sus ciclos también avanza. No se podían permitir ociosos descansos y cumplió con su parte lo mejor que pudo, pero también sabemos que no se halló un hombre de su linaje interior, con tan grande valentía y decisión práctica, entregado a la Gran Causa que conmovió su corazón. Mucho le debemos a este noble trabajador todos los estudiantes de Teosofía. Por su intermedio, llegó a nuestros días, una gran cantidad de material con los hechos históricos que él mismo cuenta y que nos pueden servir para conocer cómo comenzó a materializarse este Plan extraordinario de la fundación de la Sociedad Teosófica y los hechos donde H.P.B. ejecutóH.S. Olcott sus poderes aún desconocidos por él y su relación con los Maestros. Indudablemente H.S. Olcott estaba íntimamente ligado al Karma de este suceso tan único, por ello es que su contribución, quedará para siempre en el corazón agradecido de todos los estudiantes de Teosofía del mundo.

    H.S. Olcott, recorrió la India, fundando logias Teosóficas. Así también recorrió otros países con la misma misión. Ya a una edad avanzada, trató de mantener en pié el altar de la Teosofía aún con las grandes dificultades que ponían en peligro la magna obra de los Maestros para el mundo. Pudo comprobar, cuanto sabían de él los Maestros, cuando uno de ellos le expuso las debilidades de su personalidad y le mostró el obstáculo que era su excesivo celo, su desconfianza y escepticismo con sus camaradas y cómo esto le evitaba avanzar en el sendero. Nunca sabremos hasta donde llegó su propia conquista interior y si pudo vencer lo que su Maestro le advirtió en dos oportunidades, pero sí sabemos que continuó hasta su muerte al frente de su misión. Llegando al final de su vida, vislumbró los grandes cambios que se avecinaban y qué lejos estaba él ya para impedirlos. A su muerte, los rápidos cambios que se suceden en el mundo humano, produjeron los giros casi inevitables dentro de la S.T. que llegaron a nuestros días, pero el impulso que él le pudo dar con su cooperación aún perdura en el Aura misma de la Sociedad Teosófica de Adyar.

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