Articulos

Mahatmas y Chelas

Por H. P. Blavatsky

[Publicado en The Theosophist Vol. V, julio de 1884, pág. 233. Título original Mahatmas and Chelas. Traductor desconocido. Revisado y corregido por el Centro de Estudios de la Teosofía Original de Argentina en julio de 2014.]

 

Un Mahatma es un personaje que mediante una preparación y educación especiales ha desarrollado aquellas facultades superiores y ha alcanzado aquel conocimiento espiritual que la humanidad común adquirirá después de pasar a través de innumerables series de reencarnaciones durante el proceso de evolución cósmica, siempre que, como es natural, no vaya durante ellas en contra de los fines de la Naturaleza y cause su propia aniquilación. Este proceso de auto-evolución de los Mahatmas se extiende sobre un cierto número de “encarnaciones”, aunque, comparativamente hablando, son muy pocas. Pero, ¿qué es lo que encarna? La Doctrina Secreta, hasta donde ha sido revelada, muestra que los tres primeros principios mueren más o menos con la llamada muerte física. El cuarto principio, junto con las partes inferiores del quinto donde residen las tendencias animales, tiene a Kama-loka por morada, donde sufre la agonía de la desintegración en forma proporcional a la intensidad de los deseos inferiores; mientras que es el Manas superior, el hombre puro, el que está asociado con los principios sexto y séptimo, quien entra en el Devachan para disfrutar ahí los efectos de su buen Karma, y reencarnar después en una individualidad superior. Ahora bien, una entidad que está pasando por la instrucción oculta en sus sucesivos nacimientos, en cada encarnación tiene gradualmente cada vez menos de ese Manas inferior, hasta que llega el momento en que todo su Manas, siendo de carácter totalmente elevado, está centrado en su individualidad superior, es entonces cuando puede decirse que tal persona se ha convertido en un Mahatma. En el momento de su muerte física perecen los cuatro principios inferiores sin ningún sufrimiento, pues estos son para él, de hecho, como un adorno superficial que se quita o se pone a voluntad. El verdadero Mahatma no es entonces su cuerpo físico, sino ese Manas superior que está inseparablemente unido a Atma y a su vehículo (el sexto principio), una unión efectuada por él en un período comparativamente muy corto, debido a que sigue el proceso de auto-evolución establecido por la Filosofía Oculta. Por eso, cuando la gente expresa el deseo de “ver a un Mahatma”, realmente no parecen entender que es lo que piden.

¿Cómo pueden esperar ver con sus ojos físicos lo que trasciende a la vista? ¿Es el cuerpo –una mera cáscara o máscara– lo que imploran ver y tras lo que van? Y suponiendo que ven el cuerpo de un Mahatma, ¿cómo pueden saber que tras esa máscara hay oculta una entidad elevada? ¿Bajo qué criterios van a juzgar si Maya refleja ante ellos la imagen de un verdadero Mahatma? ¿Y quién puede decir que lo físico no es Maya? Las cosas elevadas pueden ser percibidas sólo mediante un sentido relacionado con esas cosas elevadas; por tanto quien desee ver a un verdadero Mahatma deberá usar entonces su vista intelectual. Deberá elevar su Manas de tal manera que su percepción sea clara y todas las neblinas creadas por Maya sean dispersadas. Su visión será entonces brillante y podrá ver a los Mahatmas dondequiera que esté; pues estando fusionados el sexto y el séptimo principio que son ubicuos y omnipresentes, puede decirse que los Mahatmas están en todas partes. Esto sería como encontrarnos en la cima de una montaña y tener a nuestra vista toda la llanura, y con todo, no estar enterados de cada árbol o lugar particular, ya que desde esa elevada posición todo lo que está debajo es casi idéntico, y así como nuestra atención puede ser atraída hacia algo que sobresale o desentona del entorno, de esta misma manera, aunque toda la humanidad está dentro de la vista mental de los Mahatmas, no se puede esperar de ellos que tomen nota especial de cada ser humano, a menos que éste atraiga su particular atención por sus actos especiales. Su preocupación esencial es el mayor bien para la humanidad en conjunto, pues ellos mismos se han identificado con esa Alma Universal que traspasa la Humanidad, y el que quiera atraer su atención debe hacerlo de esa manera, a través, de esa Alma que se extiende por doquier.

Esta percepción del Manas puede ser denominada “fe”, que no debe ser confundida con “creencia ciega”. “Creencia ciega” es una expresión usada a menudo para indicar la creencia sin percepción o comprensión; mientras que la verdadera percepción de Manas es esa creencia inteligente, que es el verdadero significado de la palabra “fe”. Esta creencia debe estar al mismo tiempo acompañada por el conocimiento, es decir, por la experiencia, pues “el verdadero conocimiento lleva consigo la fe”. La fe es la percepción del Manas (el quinto principio), mientras que el conocimiento, en el verdadero sentido de la palabra, es la capacidad del Intelecto, es decir, es percepción espiritual. En resumen, la individualidad superior del hombre, compuesta por su Manas superior, el sexto principio y el séptimo, deben trabajar como una unidad, y sólo entonces se puede obtener “la sabiduría divina”, pues las cosas divinas sólo pueden ser percibidas mediante facultades divinas. Así, el deseo que debe mover a alguien a pedir ser aceptado como chela, es el comprender las funciones de la Ley de Evolución Cósmica para poder trabajar en armonioso acuerdo con la Naturaleza, en vez de ir en contra de sus fines por ignorancia.

 

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Los Mahatmas Teosóficos

Por H. P. Blavatsky

[Publicado en The Path Vol. I, diciembre de 1886, pág. 257-263. Título original The Theosophical Mahatmas. Traductor desconocido. Revisado y corregido por el Centro de Estudios de la Teosofía Original en julio de 2014.]

 

Lamento, sincera y profundamente, lo que he leído en el editorial de la revista El Mundo Oculto, publicada en Rochester y editada por la señora J. Cables, la devota presidente de la Sociedad Teosófica de allí, quien ha publicado un editorial con la colaboración del señor W. T. Brown. De antemano debo decirles que, ya nada me sorprende, pues, durante los años, me he acostumbrado a tales declaraciones. Quizá los repentinos sentimientos de hastío por parte de la señora Cables sean naturales, en cuanto, jamás se le dio la oportunidad que el señor Brown tuvo. Es innegable que muchos teósofos comparten el estado de ánimo de Cables cuando escribe que: “después de un gran anhelo por ser puesta en comunicación con los Mahatmas Teosóficos, me percaté de lo inútil que era esforzar la vista psíquica hacia los Himalayas”. Aún se debe dirimir la cuestión de si estas quejas son justificadas y si la culpa reside en los “Mahatmas” o en los teósofos. Ha sido un caso en vilo por muchos años y ahora hay que solucionarlo, pues los dos quejosos declaran bajo sus firmas respectivas que: “no necesitan perseguir a Místicos orientales que niegan su habilidad de ayudarnos”. La última frase en letras bastardillas necesita un serio escrutinio. Pido el privilegio de presentar algunas observaciones pertinentes al caso.

Comenzaré por decir que el tono de todo el artículo es el de un verdadero manifiesto. Si lo condensamos y lo depuramos de sus expresiones Bíblicas enfáticas, se reduce a esta paráfrasis: “Hemos tocado a su puerta y no nos han contestado; hemos rezado por nuestro pan y nos han negado hasta una piedra”. La acusación es muy seria; sin embargo, quiero demostrar que es injusta.

Creo que es mi deber contradecir la veracidad de esta declaración, explicando la situación en su totalidad, ya que me siento culpable habiendo sido la primera, en los Estados Unidos, en hacer pública la existencia de nuestros Maestros. Así, expuse los nombres sagrados de dos miembros de una Hermandad hasta entonces desconocida en Europa y en América (excepto a unos pocos místicos e Iniciados en todas las eras), sin embargo sagrada y reverenciada en oriente y, especialmente, en la India. Todo esto causó una especulación y una curiosidad vulgares que medraron alrededor de esos nombres benditos y culminaron con un rechazo público. Quizá esta explicación beneficie a algunos e interese a otros.

Además, no quiero que nadie piense que pongo bajo mi égida de defensora y paladina a aquellos que no necesitan ningún resguardo. Me propongo, simplemente, presentar algunos hechos, dejando que la situación se juzgue conforme a sus méritos. A nuestros hermanos y hermanas, según los cuales: “han vivido alimentándose de cáscaras, persiguiendo dioses extraños”, sin recibir admisión, les preguntaría si: “¿están seguros de haber tocado a la puerta justa?” “¿Están seguros de no haber perdido el camino, deteniéndose a menudo en su viaje, en puertas extrañas tras las cuales acechan los enemigos más fieros de los que ustedes buscan?” Nuestros Maestros no son “un dios celoso”; son simplemente mortales santos, sin embargo más elevados que cualquiera en este mundo, desde el punto de vista moral, intelectual y espiritual. A pesar de lo sagrado y adelantado que estén en la ciencia de los Misterios, aún son hombres, miembros de una Hermandad y en ella, son los primeros en mostrarse leales a sus leyes y reglas venerables. Una de las primeras reglas de la Hermandad exige que las personas que emprenden su camino hacia Oriente, como candidatos a los favores y consideración de los custodios de esos Misterios, deben seguir el recto camino sin detenerse en ninguna vía secundaria, buscando unirse a otros “Maestros” y preceptores, a menudo de la Ciencia del Lado Izquierdo. Además, deberían tener confianza y mostrar paciencia conjuntamente con varias otras condiciones a llenar. Si alguien fracasa en todas, desde la primera hasta la última, ¿qué derecho tiene a quejarse sobre la responsabilidad de los Maestros para ayudarle?

Es verdad: “¡Los moradores del umbral anidan dentro nuestro!”

Una vez que un teósofo aspira a convertirse en un candidato para el estado de chela o para recibir favores de los Maestros, debe estar consciente de la promesa mutua que las dos partes han contraído y aceptado tácitamente, si no formalmente y que tal promesa es sagrada. Es un vínculo por un período de prueba de siete años. Si durante este lapso, a pesar de las numerosas limitaciones y errores humanos del candidato (exceptuando dos, que es inútil especificar aquí), él permanece, a través de todas las tentaciones, leal al Maestro escogido o a los Maestros (en el caso de candidatos laicos) y fiel a la Sociedad fundada siguiendo sus deseos y bajo sus órdenes, el teósofo será iniciado en * * * y, a partir de entonces, se le permitirá comunicarse con su gurú sin reserva. Todas sus limitaciones, excepto aquella especificada, pueden ser soslayadas, pertenecen a su Karma futuro; sin embargo se dejan, ahora, a la discreción y al juicio del Maestro, el único que tiene el poder de determinar si, aun durante estos largos siete años, el chela recibirá el favor de comunicaciones ocasionales con su gurú y procedentes de él, a pesar de sus errores y los deberes incumplidos del chela. El gurú, estando minuciosamente familiarizado con las causas y los motivos que indujeron al candidato a cometer pecados de omisión o comisión, es el único capaz de juzgar si el momento es oportuno o inoportuno para animarlo; ya que solo él tiene tal derecho, porque, también él está bajo la inexorable ley de Karma, a la cual nadie, desde el zulú salvaje, hasta el arcángel supremo, puede sustraerse y el gurú debe asumir la gran responsabilidad por las causas que creó.

Así, la condición principal y la única indispensable en el caso del candidato o chela en período de prueba, es simplemente: una lealtad diamantina al Maestro escogido y a sus propósitos. Esta es una condición imprescindible pues, como ya mencioné, no se basa en algún sentimiento de celo, sino en la relación magnética entre los dos, la cual, cada vez que se interrumpe, es doblemente difícil restablecerla. Además, no es justo que los Maestros fuercen sus poderes por personas acerca de las cuales pueden, nítidamente, prever su curso y deserción final. Sin embargo, ¿cuántos, entre aquellos que, esperando lo que yo llamaría “favores por anticipación”, al no recibirlos, se decepcionan y, en lugar de repetir humildemente mea culpa, acusan a los Maestros de ser egoístas e injustos? Ellos interrumpen, intencionalmente, el sutil canal de comunicación diez veces durante un año y sin embargo, ¡esperan que cada vez se les readmita, siempre sobre las bases antiguas! Conozco a un teósofo, del cual no mencionaré su nombre, pero espero que pueda reconocerse a sí mismo, que es un caballero tranquilo, inteligente y joven, un místico congénito quien, en su entusiasmo e impaciencia imprudentes, cambió Maestros e ideas una media docena de veces en menos de tres años. Empezó por ofrecerse como chela en período de prueba, dando su voto y fue aceptado. Después de un año quiso casarse, a pesar de las varias pruebas corporales de la presencia de su Maestro y numerosos favores que se le otorgaron. Los proyectos matrimoniales no se llevaron a cabo y él buscó “Maestros” por otros lados, convirtiéndose en un Rosacruz entusiasta. Después volvió a la teosofía como místico cristiano; luego trató de atemperar sus austeridades con una mujer y, al final, abandonó la idea y se entregó al espiritismo. Ahora se postula nuevamente, “para que se le readmita como chela” (tengo su carta); pero dado que su Maestro permaneció en silencio, él lo abjuró para buscar, repitiendo las palabras del manifiesto susodicho: “su antiguo Maestro Esenio para poner a prueba los espíritus en su nombre”.

La escritora, hábil y respetada, de la revista El Mundo Oculto y su secretario tienen razón y han escogido el único sendero auténtico en que, con una dosis muy pequeña de fe ciega, están seguros de evitar todo engaño y decepción. Ellos dicen: “Para algunos de nosotros es un placer obedecer al llamado del ‘Varón de los Dolores’ que no rechazará a nadie sólo porque es indigno o no ha acumulado un cierto porcentaje de mérito personal”. ¿Cómo pueden saberlo?, a menos que acepten el dogma cínicamente terrible y nocivo de la Iglesia Protestante que enseña el perdón del crimen más cruento, siempre que el asesino crea, sinceramente, que la sangre de su “Redentor” lo salvará en la última hora. ¿Qué es esto, si no fe ciega y antifilosófica? El sentimentalismo no es filosofía y Buda dedicó toda su larga vida de autosacrificio para alejar, precisamente, a la gente de esa superstición que engendra el mal. ¿Por qué mencionar a Buda? Porque la doctrina de la salvación mediante el mérito personal y el olvido de uno mismo es la piedra angular de su enseñanza. Ambos escritores deben haber, y muy probablemente lo hicieron, “perseguido dioses extraños”; sin embargo no eran nuestros Maestros. Ellos “Lo han negado tres veces” y ahora, “con los pies sangrientos y el ánimo postrado”, quieren “pedirle (a Jesús) que los tome otra vez bajo su ala”. Ciertamente, el “Maestro Nazareno” los complacerá hasta aquí. Sin embargo “se alimentarán de cáscaras” y de “fe ciega”. Pero, en lo referente a esto, ellos son sus mejores jueces y nadie debería inmiscuirse en sus creencias privadas en nuestra Sociedad y esperemos que, debido a su reciente decepción, no se conviertan, un día en nuestros peores enemigos.

Ahora bien, a estos teósofos que se sienten desencantados con la Sociedad Teosófica en general, les diremos que nadie, jamás, les hizo ninguna promesa imprudente; ni siquiera, la Sociedad y sus fundadores ofrecieron sus “Maestros” como premio para los que se comportan mejor. Durante años, a cada nuevo miembro se le ha dicho siempre que no se le promete nada, ya que todo depende sólo de su mérito personal. Al teósofo se le deja actuar según su libre albedrío. Cada vez que él se sienta descontento (alia tantanda via est) puede siempre probar en algún otro sitio, a menos que haya ofrecido su ser a los Maestros con la determinación de ganarse sus favores. Me dirijo, especialmente a este individuo y le pregunto: ¿Has cumplido con tus obligaciones y promesas? ¿Tú, que estás dispuesto a culpar a la Sociedad y a los Maestros, que son la caridad, la tolerancia, la justicia y el amor universales encarnados, has, quizá, llevado la vida teosófica y has cumplido con las condiciones necesarias para el que se convierte en un candidato? Que se levante y proteste aquél que sienta, en su corazón y conciencia, que jamás ha fallado seriamente, que nunca ha dudado de la sabiduría de su Maestro, que nunca ha buscado otro Maestro o Maestros en su impaciencia por convertirse en un Ocultista con poderes y que jamás ha traicionado su deber teosófico en pensamiento o en acción. Puede protestar intrépidamente, no será castigado ni reprochado y ni siquiera excluido de la Sociedad Teosófica, la más amplia y liberal en sus ideas y la más católica de todas las Sociedades conocidas o por conocer. Temo que mi invitación se quedará sin respuesta. Durante los once años de existencia de la Sociedad Teosófica, de entre los 72 chelas regularmente aceptados en prueba y los centenares de candidatos laicos, sólo tres no han, hasta la fecha, fracasado y sólo uno tuvo éxito completo. Nadie obliga a nadie a entrar al estado de chela. No se profieren promesas, excepto aquella contraída entre el Maestro y el chela aspirante. Es muy cierto que muchos son los llamados pero pocos los escogidos o podríamos decir que son pocos los que tienen la paciencia de ir hasta el fin amargo, si es que podemos definir amargo, la simple perseverancia y el propósito bien enfocado.

¿Qué decir de la Sociedad Teosófica en general, fuera de la India? ¿Quién, entre los millares de miembros, lleva la vida teosófica? ¿Sólo porque uno es un vegetariano rígido, como lo son los elefantes y las vacas; un célibe, si bien en su juventud fue lo contrario; un estudiante del “Bhagavad-Gita” o de la “filosofía Yoga” integral, se debería considerar un teósofo según el corazón de los Maestros? Como no es el hábito lo que hace al monje, ni es el pelo largo y un aspecto soñador en el rostro, nada de esto es suficiente para hacer de uno un seguidor fiel de la Sabiduría divina. ¡Mirad alrededor y observad nuestra llamada Hermandad Universal! ¿Durante estos once años de prueba en América y en Europa, en qué se ha convertido esta Sociedad fundada para remediar los males evidentes del Cristianismo, eliminar el fanatismo y la intolerancia, la hipocresía y la superstición y cultivar el real amor universal que se extiende hasta todos los reinos? Sólo en un aspecto hemos tenido éxito para que se nos considere más elevados que nuestros hermanos cristianos, los cuales, según la expresión gráfica de Lawrence Oliphant: “se matan en el nombre de la Fraternidad, combatiendo como diablos por el amor de Dios”. El aspecto en cuestión es que: hemos eliminado todo dogma y ahora estamos tratando de desembarazarnos, justa y sabiamente, hasta del último vestigio de autoridad nominal. Sin embargo, bajo cualquier otro punto de vista, somos tan malos como los cristianos: ¡entre nosotros hay chisme, calumnia, impiedad, crítica, un incesante grito de guerra y un estruendo provocado por las censuras mutuas!; ¡todo esto es motivo de orgullo para el infierno cristiano! ¿Podemos suponer que todo lo antedicho sea culpa de los Maestros, los cuales se niegan a ayudar a los que ayudan a otros en el camino a la salvación y a liberarse del egoísmo—a fuerza de patadas y escándalo? ¿Cómo podemos pensar que somos un ejemplo para el mundo y los compañeros dignos de los ascetas sagrados que habitan en la Cordillera nevada?

Algunas palabras antes de terminar. Se me preguntará: “¿Quién es usted para que nos critique? Usted que afirma estar en contacto con los Maestros, recibiendo favores diarios de Ellos ¿es quizá tan santa, pura y digna?” Les contestaré que no lo soy. Mi naturaleza es imperfecta y limitada, mis defectos son muchos y muy evidentes, motivo por el cual mi Karma es más pesado que el de cualquier otro teósofo. Así es y debe serlo; ya que, durante muchos años, me han puesto en la picota como blanco para mis enemigos y también para algunos amigos. Sin embargo, acepto la prueba felizmente. ¿Por qué? Porque a pesar de todas mis limitaciones, estoy bajo la égida del Maestro, debido simplemente a que, durante 35 años y más, desde 1851, período en que vi al Maestro física y personalmente por primera vez, jamás lo negué, ni dudé de Él, ni siquiera en el pensamiento. De mis labios no ha salido un reproche ni un suspiro contra Él y nunca han entrado en mi cerebro, ni por un instante, bajo las pruebas más duras. Desde el principio sabía lo que me esperaba, ya que se me comunicó y siempre lo he repetido a los demás: tan pronto como uno incursiona a lo largo del Sendero que conduce al Ashram de los Maestros benditos, los últimos y únicos custodios de la Sabiduría y la Verdad primordiales, su Karma, en lugar de distribuirse a lo largo de su vida, se precipita sobre el candidato en masa, aplastándolo con su peso. Aquél que cree en lo que profesa y en su Maestro, sobrellevará la prueba, saliendo victorioso de ella. Aquél que duda, el cobarde que teme recibir lo que debe y trata de sustraerse al cumplimiento de la justicia, fracasará. No escapará al Karma para nada, pero perderá sólo eso por lo cual ha arriesgado sus visitas prematuras. Esto es el motivo por el cual lo he sobrellevado todo, a pesar de que el Karma me haya azotado constantemente y sin piedad, usando a mis enemigos como armas inconscientes. Me he sentido segura de que el Maestro no permitiría que pereciera y que siempre aparecería en la última hora y así lo hizo. Me ha salvado tres veces de la muerte y, la última vez, casi contra mi voluntad. Entonces volví al frío mundo cruel, inducida por el amor hacia Él, quien me enseñó lo que sé y me moldeó en lo que soy. Por lo tanto, cumplo con su trabajo y voluntad; esto es lo que me ha dado la fuerza leonina para soportar las sacudidas mentales y físicas, una de las cuales hubiera sido suficiente para matar a cualquier teósofo que dudara de la protección poderosa. Mi único mérito y la causa de mi éxito en Ocultismo, es una devoción inquebrantable hacia Él, quien encarna el deber que se me ha delineado y una creencia en la Sabiduría colectiva, de esa grande y misteriosa, sin embargo real, Hermandad de santos. Ahora repetiré las palabras del Paragurú, el Maestro de mi Maestro, el cual las envió como mensaje para los que querían hacer de la Sociedad un “club de milagros” en lugar de una Hermandad de Paz, Amor y asistencia mutua: “Mejor perezca la Sociedad Teosófica y sus desgraciados fundadores”, yo agrego que perezcan sus doce años de trabajo y sus vidas, en lugar de ver lo que estoy presenciando hoy, teósofos que eclipsan los “círculos” políticos en su búsqueda por el poder personal y la autoridad; teósofos que critican y difaman los unos a los otros como lo harían dos sectas cristianas rivales; en fin, teósofos que rechazan llevar la vida teosófica y luego critican y denigran a los hombres más nobles y grandiosos, los cuales, vinculados por sus leyes sabias y venerables, basadas en la experiencia de la naturaleza humana que tiene miles de años, no quieren interferir con el Karma ni subordinarse a las veleidades de cualquier teósofo que los invoca, ya sea que lo merezca o no.

Si no se instrumentan rápidamente, reformas radicales en nuestras Sociedades americanas y europeas, me temo que en breve, sólo permanecerá un centro de Sociedades Teosóficas y de Teosofía en el mundo entero, es decir, en la India. Hacia este país dirijo todas las bendiciones de mi corazón. Todo mi amor y aspiraciones pertenecen a mis hermanos amados, los Hijos de la antigua Aryavarta, la Tierra Natal del Maestro.

 

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Buscando a un Maestro

Por G. de Purucker

[Extraído del libro Estudios en la Filosofía Oculta (Studies in Occult Philosophy), sección Preguntas y Respuestas (Questions and Answers), título original Seeking a Teacher. Traducción realizada por integrantes del Centro de Estudios de la Teosofía Original de Argentina en julio de 2014.]

 

P: ¿Cuál es la actitud ética en la búsqueda de un Maestro? ¿Deberíamos buscar un Maestro?

 

R: ¿Si deberíamos buscar a los Maestros? Enfáticamente insto a cada ser humano normal no sólo a que busque a los Maestros, sino también a que los acepte. Haga la llamada y esa llamada será atendida. Considere a los Maestros como uno de los fenómenos más comunes en la historia de la Humanidad. La llamada es más fuerte cuando la desesperación es más intensa, cuando el desaliento amenaza con abrumar a los seres humanos no necesariamente pensantes pero sí sensibles. Cuando el pedido de ayuda es muy urgente y proviene del corazón humano, esa llamada evoca una respuesta. Ha sido así a lo largo de la historia de la Humanidad, y lo es hoy en día. Es un magnífico ejercicio espiritual e intelectual, no solamente esperar ayuda sino también exigirla, y usted no tiene derecho a exigir ayuda hasta haber demostrado ser digno de ella. Entonces la combinación es irresistible, y el Maestro llega, llega a usted como un individuo, o llega a un pueblo o a una raza. El hombre que lo merece realiza un llamado no solo para sí mismo sino para todos, para poder con los demás sentir el calor de la bendita luz divina del espíritu derramada sobre todos. Aquel que hace su llamado en sentido universal, es un fuerte mago, y su llamado es poderoso, y tiene derecho a hacerlo. Pero le aconsejo que antes de realizar un llamado a un Maestro exterior, realice la llamada al más grande Maestro que cualquier hombre puede llegar a conocer, el Espíritu en él, el dios interno. Este hace que el llamado al Maestro externo sea incomparablemente más fuerte. Limpie su propio Templo antes de llamar a un dios para que entre y more allí.

 

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¿Dónde Trabajan los Maestros?

Por G. de Purucker

[Extraído del libro Wind of the Spirit, título original Where the Masters work. Traducción realizada por integrantes del Centro de Estudios de la Teosofía Original de Argentina en julio de 2014.]

 

¿Los Maestros ayudan e inspiran a otros además de los teósofos y de la Sociedad Teosófica? Estaría terriblemente avergonzado de cualquier teósofo que no pudiera responder a esta pregunta al instante. ¡Por supuesto que lo hacen! Por eso, una de nuestras enseñanzas fundamentales es que los Maestros ayudan, y que su inspiración se recibe en cualquier lugar donde haya una puerta abierta para ella. En otras palabras, donde el alma no esté rodeada por fronteras infranqueables, oscureciendo la luz y alejando la ayuda. ¡Por qué no! Y si la influencia de los Maestros no se hiciera sentir en instituciones ajenas a la S.T., como en verdad puede ser sentida, será porque han perdido contacto y se han encerrado tras las barreras infranqueables de las fronteras de pensamiento y sentimiento. La verdad es que los Maestros trabajan en cualquier lugar donde se les abran las puertas y se den las condiciones adecuadas para su trabajo.

Tome al siguiente pensamiento, que ha sido uno de mis sueños desde la infancia. Si la iglesia cristiana o las iglesias pudieran volver a las enseñanzas originales de su gran Maestro, al cristianismo realmente primitivo, los Maestros estarían trabajando a través de ellas como uno de los más grandes canales en el actual Occidente para ayudar a los hombres. Y si ellos no trabajan ahí, es porque la ayuda se ha bloqueado debido a las fronteras de pensamiento y sentimiento.

Respecto a la S.T., a menudo he señalado, que dependerá de nosotros si los Maestros continúan trabajando a través de ella como un instrumento como lo vienen haciendo o si la abandonan. Ellos nunca nos abandonarán mientras mantengamos nuestros corazones y mentes abiertas; pero si comenzamos a poner fronteras alrededor de nuestra conciencia, nosotros hacemos el trabajo de exclusión y no ellos. Los antiguos Griegos decían que los dioses visitaban las casas de quienes les abrían las puertas. Piense lo que eso significa. ¿Por qué no trata de atraer a huéspedes divinos y divinamente humanos?

Todo el problema con nosotros, y con la civilización, es que construimos fronteras a nuestro alrededor. No las construye la naturaleza. Están construidas por nosotros mismos, fronteras de exclusión en pensamiento, en sentimiento, en tradición, en todo. ¿Qué sucede con el hombre que se encierra en una celda y vive allí? ¿Quién pierde, el mundo o este necio? Dicha celda es una frontera para la conciencia. Y el hombre (o la civilización) precisamente es grande en la medida en que pueda romper con las barreras, con el hábito y la costumbre con que él mismo se ha rodeado, y mudarse a estadios más elevados de conciencia para jamás volver a crearse obstáculos.

¿Qué determina que una religión sea exitosa? ¿El edificio que se crea alrededor de sí misma producto del pensamiento y de las barreras de la exclusión? Por supuesto que no. La respuesta es obvia. Destruya las barreras, la puerta está abierta para todos.

 

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